viernes, 29 de abril de 2016

Padres de la Ciencia que fueron astrólogos

"Padres de la Ciencia" que fueron astrólogos


Dr. Adolfo R. Ordóñez



"El Tiempo es la imagen móvil de la Eternidad".  Platón; (ca 427-348 a. C., citado por J. L. Borges)

"La Eternidad [atemporal] pliega [en un Orden Implicado] y despliega [en un Orden Desplegado] la sucesión [temporal]." Cardenal Nicolás de Cusa (1401-1464; citado y explicado por David Bohm)

La muy antigua y distinguida historia de la Astrología


Hasta aquí hemos dedicado cinco artículos a una defensa epistemológica del carácter científico que tiene la Astrología -obvio, cuando se la ejerce seriamente, como ocurre con cualquier ciencia- y contraria a la conceptualización "indiscutiblemente" pseudocientífica que muchos científicos y académicos desean asignarle -para no tener que enfrentarse a la más resistida de todas las tareas: la de revisar toda su cosmovisión y sus paradigmas-. Ahora deseamos completar esa tarea llamando la atención de nuestros lectores acerca de algunos puntos fundamentales pero que suelen omitirse, por resultar "inconvenientes". A saber:


1) La Astrología es tan antigua como las primeras civilizaciones y culturas conocidas, todas las cuales -a lo largo y ancho del planeta- la practicaron en una u otra forma, incorporándola entre sus Mitos fundantes más sagrados (remitimos aquí a la noción de mitos que desarrollamos en nuestro blog nexocielotierra). Su presencia en la Biblia, por poner un ejemplo que nos resulte más familiar que la mención explícita de los 12 signos astrológicos del Séfer Ietziráh (en hebreo significa: Libro de la Formación) cabalístico, es indudable. Desde luego, antiguo no es un sinónimo de verdadero. Pero sugiere la presencia y actuación de poderosos arquetipos colectivos (1).

2) Hemos citado algunos -unos pocos seleccionados entre muchísimos posibles- representantes de la cultura, del arte y de las religiones que 'admitieron' la existencia de un auténtico 'saber' astrológico.  Veremos ahora que entre los "Padres de la Ciencia" ha habido muchos que ejercieron la Astrología, como por ejemplo, Claudio Ptolomeo, Girolamo Cardano, Nicolás Copérnico, Johannes Kepler, y hasta Sir Isaac Newton. Comencemos con el astrónomo-astrólogo alejandrino:

a) El matemático y astrónomo greco-egipcio Claudio Ptolomeo de Alejandría (87-150 d. C.), que refinó al tradicional sistema geocéntrico de Aristóteles de Estagira (382-322 a. C., cinco siglos anterior a Ptolomeo). Aristóteles ubicaba a la Tierra -a la que concebía esféricaen el centro común de una serie de esferas de cristal concéntricas giratorias, donde se hallaban las estrellas fijas y los planetas -que entonces incluían al Sol y la Luna-. Noten que ya en el siglo IV a. C. Aristóteles no pensaba en una Tierra plana, y daba las clásicas justificaciones del contorno circular de la sombra de la Tierra sobre la Luna, y la gradual desaparición aparente de los barcos desde la quilla hasta el mástil -que se suele atribuir a Cristóbal Colón, diecinueve siglos posterior-. En este sistema aristotélico, el Universo estaba movido por lo que el estagirita llamaba 'el Motor Inmóvil', aclarando que para él 'movimiento' era un concepto mucho más amplio que el mero cambio de posiciones espaciales con el tiempo, ya que incluía todo cambio, desde el enrojecimiento de un rostro que se ruboriza hasta el pasaje de la Potencia al Acto. Justamente, éste último aspecto hizo que 'el Motor Inmóvil' fuera identificado con Dios, concebido por  los teólogos medievales como que utilizaba Mensajeros: Sus legiones de Ángeles y de Arcángeles. Por ende, a estos teólogos, el sistema aristotélico les resultaba muy convincente, ordenador y conveniente, y eso hizo que se siguiera usando como modelo filosófico hasta el Renacimiento (a pesar de que, como modelo astronómico, era muy defectuoso y sólo aproximado).

Ahora bien, cuando se necesitaban cálculos astronómicos más finos, ya sea con
objetivos de efemérides eclesiásticas -como la determinación de la Pascua cristiana- o astrológicos, se utilizaba el sistema de Ptolomeo, pues éste era más apto que el aristotélico para ubicar con precisión a los astros. Ptolomeo propuso un sistema geostático -es decir, con una Tierra quieta, pero no en el centro del universo- y fue tan efectivo, que duró hasta Copérnico, en el siglo XVI. El "Almagesto" ("El más grande"), y el "Tetrabiblos", los dos principales libros de Ptolomeo, tuvieron una gran influencia mundial durante catorce siglos (2). En ellos aparece la ingeniosa hipótesis de los epiciclos -para justificar el movimiento aparente de los planetas al ser vistos desde la Tierra-. A veces se objeta que el horóscopo (que literalmente significa visión de los límites) se basa en el caduco modelo geocéntrico.

Pero no se tiene en cuenta el básico y aún vigente Principio de Relatividad de Einstein, según el cual, cualquier sistema de coordenadas sirve para describir las leyes naturales. A ello se debe añadir el hecho obvio de que, como vivimos sobre la Tierra, es entendible referir la situación astral del nacimiento de una persona a un sistema de referencia geocéntrico, es decir en reposo respecto de la Tierra.

En síntesis: la concepción aristotélica fue utilizada hasta el Renacimiento como un modelo filosóficopero para los cálculos astronómico-astrológicos (y aún de efemérides religiosas rituales) se aplicaba el modelo astronómico ptolemaico.

b) Nicolás Copérnico (1473-1543) clérigo y astrónomo polaco, fue el encargado de la ciclópea e importantísima tarea de reflotar de entre las abismales oscuridades científicas del milenio medieval, el antiguo sistema heliocéntrico del matemático y astrónomo griego Aristarco de Samos (cerca del 260 a. C.)Entre los más destacados aportes de Aristarco encontramos los siguientes: sabía que el Sol era de tamaño mayor que la Tierra, que ésta orbita alrededor del Sol y gira sobre su eje, que no es perpendicular al plano de su órbita -lo que hoy nos permite explicar las cuatro estaciones del año y la precesión de los equinoccios-; estableció un método correcto para calcular las distancias de la Tierra al Sol y a la Luna, usando el hecho curioso de la igualdad de los tamaños aparentes de ambas luminarias mayores. Para completar el panorama, y mostrar lo que había logrado avanzar la Ciencia griega, antes de que su saber cayera en el olvido, por esa misma época, Eratóstenes de Cirene, que vivió cerca de 320-250 a. C., calculó con gran precisión el perímetro de la circunferencia terrestre.

Aunque este humilde sacerdote polaco no pudo saberlo, fue el responsable de una de las Revoluciones Científicas más grandes e importantes de la Historia: lo que hoy se dice la Revolución Copernicana. 

Copérnico, mil ochocientos años después de Aristarco, en una obra de 1513, -que hizo
circular sólo entre unos pocos amigos- manifestaba ya su disconformidad con el sistema aristotélico-ptolemaico, y declaraba -al igual que Aristarco-: "Giramos alrededor del Sol... como todos los demás planetas". Esta obra se llama: "Sobre las teorías de los objetos celestes a partir de sus disposiciones. Sin embargo, consciente del desagrado que seguramente provocaría en el Vaticano, en su obra cúlmine: "Sobre las revoluciones de los orbes celestes", publicada el mismo año de su muerte, no es tan explícito, y propone considerar la hipótesis heliostática no como si fuera una verdadera realidad, sino como un método más simple de cálculo astronómico (aunque era defectuoso, pues consideraba órbitas planetarias circulares). En ella dice:

"De ahí que, si la dignidad de las artes se estima por la materia que tratan, será sin duda importantísima, ésta que unos llaman astronomía, otros astrología, y muchos entre los antiguos la consumación de las matemáticas. Aritmética, geometría, óptica, geodesia, mecánica, y si hay alguna otra más, todas se dirigen a ella. Y, siendo propio de todas las buenas artes el apartar de los vicios y dirigir la mente de los hombres hacia lo mejor, ella puede proporcionar esto más abundantemente y con increíble placer del espíritu". Nicolás Copérnico ("Sobre las revoluciones de los orbes celestes", Libro Primero)

c)  El renacentista italiano Girolamo (Jerónimo) Cardano (1501-1576), apodado "el sabio jugador", que llegó a ser un respetado Profesor en las Universidades de Bolonia y de Milán, fue astrólogo, además de muy buen médico y matemático. Autor de la influyente obra de Matemática Ars Magna, donde se publicaron por primera vez las resolventes de las ecuaciones algebraicas de grados tres y cuatro (la resolvente de la ecuación general de segundo grado la aprendemos hoy en las escuelas de enseñanza media). Aunque se sabe -por Cardano mismo- que él no fue el primero en hacer el descubrimiento de dichas resolventes, sí le cabe el mérito de publicar los resultados. Con anterioridad a él, había un procedimiento muy competitivo, con exhibiciones públicas de habilidad calculística, donde cada contrincante debía resolver las ecuaciones que le planteaba su adversario, y ello decidía -para el ganador- el eventual mecenazgo de la nobleza. Por tal motivo, dicho libro marca una ruptura con ese nefasto espectáculo que tanto conspiró contra el desarrollo matemático (ya que hacía que a cada descubridor le conviniese guardarse para sí, en estricto secreto, sus propias técnicas, en vez de compartirlas con otros) y dio comienzo al período moderno de la Matemática europea

En realidad, a Cardano también le corresponden otros notables méritos, tales como los de generalizar más que Tartaglia la resolvente de las ecuaciones de tercer grado, llegando a concebir lo que luego serían los números complejos; escribió un tratado sobre probabilidades, e inventó un ingenioso sistema mecánico de amortiguamiento para carruajes que luego se usó para automóviles.

Es decir, que, el a veces injustamente desacreditado Cardano, además jugó un rol destacado en el descubrimiento de dos ingredientes básicos de la Mecánica Cuántica (que, como veremos en posteriores artículos, se halla íntimamente ligada a la Astrología): la Teoría de Probabilidades y los Números Complejos (3).  

d) También confeccionaba horóscopos para la corte de Rodolfo II de Praga, el astrónomo y matemático alemán Johannes Kepler (1571-1630), defensor del sistema heliostático -no heliocéntrico- copernicano y autor nada menos que de las Tres Leyes que describen (aunque no explicanel Movimiento Planetario. De hecho, Kepler concibió por primera vez que los Planetas seguían órbitas no circulares, sino elípticas en uno de cuyos focos -palabra acuñada por él- está el Sol. En ello fue decisivo su meticuloso estudio de la excéntrica órbita de Marte, siguiendo los datos reunidos por su maestro, el astrónomo -y astrólogo- danés Tycho Brahe. Fue la Tercera Ley de Kepler, y no una manzana, lo que condujo sesenta años después a Newton a formular su "Ley de la Gravitación Universal".

Esta importantísima Tercera Ley del movimiento de los planetas, apareció en su obra en cinco libros: "Las armonías del mundo", en la cual Kepler extendió su teoría de la armonía a la música, la astrología, la geometría y la astronomía. Sostuvo allí la tesis de que cada planeta emite un sonido en su circulación alrededor del sol (la pitagórica "Música de las esferas"; pueden escuchar la "música de Saturno" en esta página web). Es de destacar el hecho de que Kepler desconfiaba -con justa razón- de la astrología de su tiempo "hija menor y alocada de la astronomía", y que "despreciaba tanto el interés del público [al consultar a los astrólogos, pues generalmente los cortesanos consultaban puras vanalidades] así como las intenciones de los astrólogos [que no siempre han sido ni son las correctas y apropiadas]" (4). Su opinión de que "si alguna vez aciertan [los astrólogos supersticiosos de su época] se debe a la suerte", la vamos a re-pensar luego, a la luz del concepto de sincronicidad de Jung, así como de los modernos descubrimientos acerca del azar en la Matemática y en la Física, tanto Clásica como Cuántica. Pero le añadiremos otras opiniones suyas que nos completan su pensamiento respecto de la Astrología y su notable espiritualidad:

"Estas y un sinnúmero de otras transformaciones y fenómenos que acontecen en y sobre la Tierra, son de tal regularidad y medida que no se pueden atribuir a ninguna causa ciega; y como los planetas mismos no saben nada de los ángulos que sus rayos forman con la Tierra, ésta debe poseer un Alma. La Tierra es un organismo viviente".

"Una cierta imagen del zodíaco y de todo el firmamento ha sido impresa por Dios en el Alma de la Tierra. Esa es la unión de lo celestial con lo terrenal, el origen de la simpatía  [o 'sincronicidad', dirá cinco siglos más tarde Jung] entre Cielo y Tierra".

"Los planetas y sus aspectos, tienen influencia sobre las fuerzas anímicas del hombre...Ellos tienen influencia sobre la concepción del nacimiento, por ende sobre el temperamento y carácter del hombre, y sobre ello descansa gran parte de la Astrología. Posiblemente, no sólo luz y calor emanan del Sol hacia todo el universo, sino que él es también el centro y morada de la inteligencia pura y la fuente de armonía en todo el universo (solar); además todos los Planetas poseen un Alma".

e)  Algunos que tuvieron acceso a los escritos privados de Newton -que estuvieron dispersos mucho tiempo entre varios coleccionistas privados, pero finalmente fueron recuperados-, aseguran que el mismísimo Sir Isaac Newton, uno de los más grandes científicos de la Historia, según el consenso universal) practicaba la Astrología (además de otras "seudociencias" según Bunge)Él fue el primero que logró explicar científicamente la razón por qué resultan válidas las tres Leyes del Movimiento Planetario de KeplerEn efecto, y esto sí a ha sido muy difundido -a diferencia de lo astrológico- que Newton era un practicante de la Alquimia y de la Cabalá, disciplinas íntimamente ligadas, y prácticamente incomprensibles sin la Astrología. También se supo que él creía que su famosa fuerza de atracción gravitatoria era como un Cristo Cósmico, un Amor Universal que unía a todos los cuerpos (en particular a los astros, a los hombres y a los cuerpos) entre sí. El verdadero Newton no era pues ese 'empirista' ideal que siempre nos quisieron hacer creer, confundiendo el sentido de su expresión "hypótesis non fingo" (5). Los libros de
Alquimia de Newton, así como sus estudios cabalísticos y acerca de las medidas del Templo de Salomón ¡se muestran hasta en documentales televisivos con comentarios de reconocidos catedráticos ingleses de Cambridge! No ocurre lo mismo con sus escritos astrológicos. No nos extraña. ¡Es un dato muy fuerte! Y, sin embargo, Lord Keynes, el famoso economista, que  coleccionó los manuscritos no publicados de Newton, resumió sus impresiones acerca de Newton con las siguientes palabras:

"En el siglo XVIII, y a partir de entonces, Newton vino a ser considerado como el primero y el más grande de los científicos de la era moderna, como un racionalista, como quien nos había enseñado a pensar a lo largo de de líneas de razonamiento frío y sin prejuicios. Yo no lo veo a esta luz. No pienso que nadie que ha meditado el contenido de la caja que empaquetó cuando finalmente en 1696 dejó Cambridge y que ha llegado a nosotros parcialmente disperso, le pueda ver de esta forma. Newton no fue el primero de la edad de la razón, sino que fue el último de los magos [y astrólogos; éste y otros agregados entre corchetes son nuestros], el último de los babilonios y sumerios, la última gran mente que consideraba al mundo visible e intelectual con los mismos ojos que lo consideraban aquellos que comenzaron a construir nuestra herencia intelectual hace más de 10.000 años." 

"Hasta aquí he expuesto los fenómenos de los cielos y de nuestro mar por la fuerza de la gravedad, pero todavía no he asignado causa a la gravedad... no he podido todavía deducir a partir de los fenómenos la razón de estas propiedades de la gravedad y yo no imagino hipótesis; ... [éstas] no tienen lugar dentro de la Filosofía experimental ... Bien podríamos ahora añadir algo de cierto espíritu sutilísimo que atraviesa todos los cuerpos gruesos y permanece latente en ellos; por cuya fuerza y acciones las partículas de los cuerpos se atraen entre ellas... Pero esto no puede exponerse en pocas palabras; y tampoco está disponible un número suficiente de experimentos mediante los cuales deben determinarse y mostrarse exactamente las leyes de las acciones de este espíritu."

Isaac Newton ("Principios matemáticos de la Filosofía Natural", Escolio General)





(1) "La atadura de Isaac" y el sacrificio del carnero, es el símbolo de la Era de Aries; el evidente simbolismo astrológico de las "12 Tribus de Israel" descrito con detalles en Génesis 49; el símbolo cristiano de "los peces", por la Era de Piscis, que siguió a la de Aries; "Cristo y los 12" como el Sol pasando por los 12 signos zodiacales; "la Virgen" por Virgo, signo opuesto (y por ende, complementario y vehiculizador) del "mesiánico" signo de Piscis; el "hombre llevando un cántaro de agua" de Marcos 14, 13, simbolizaba la entrada en la siguiente Era de Acuario, etc. Hay toda una "clave astrológica" para entender la Biblia, así como hay una clave numérica y cabalística.

(2) Carl Boyer, "Historia de la Matemática", Alianza Editorial, 3° edición, 1994, págs. 218 a 227. Carl B. Boyer, "Historia de la Matemática", págs. 361-364. Ídem, pág. 409 a 412; en especial 411.

(3) "Las sombras de la mente (hacia una comprensión científica de la consciencia)", Roger Penrose. Ed. Crítica, Barcelona, España, 2007, págs. 267-275. 

(4) "A hombros de gigantes", Stephen Hawking, Ed. Crítica, 4° edición 2005, pág. 557.

(5) Es decir: "No imagino hipótesis" ("dentro" de la Física, y aquí en los "Principia", en un libro de carácter público) sobre "el porqué" de las fórmulas y su posible "fuente y origen" Metafísico.
  


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