jueves, 28 de abril de 2016

Jung, Pauli y Bohm: hacia una posible explicación parcial de la Astrología (Parte 2)

 

 Parte 2



"La astrología representa la suma de todos los conocimientos psicológicos de la antigüedad."
Carl Gustav Jung

Los regalos de Tres "Reyes Magos" para la Astrología


David Bohm



La otra "mención especialísima" le corresponde al brillante y mundialmente reconocido físico teórico -pero aún a pesar de esto no ser bien estudiado ni comprendido- David Bohm (1917-1992). Si la explicación de ello es la ya anteriormente señalada: si una "Revolución científica" halla tanta resistencia, imaginen cuántos más obstáculos involucra el replanteo y la revisión de nuestra cosmovisión: eso es una "Revolución metafísica" que -a su vez- requiere de una previa "Revolución Psicológica" para poder realizarse. En el fondo, es por eso que la Astrología es considerada una "pseudociencia".

Bohm es autor de una extraordinaria "interpretación ontológica" de la Física Cuántica, con su concepto de "Holokinesis" o Flujo Holográfico donde estaría plegada no sólo la materia, sino la Vida y la Conciencia, y de la que se despliegan juntos "el espacio y el tiempo", así como "el observador y lo observado" (2) .

Ello, según veremos, nos proporciona la base para una clarificadora explicación científica del porqué de la existencia de los eventos sincronísticos de Jung, y por lo tanto, nos acerca -al menos a concebir la plausibilidad- de la Astrología (3) .


Breve historia de su Vida científica
Luego de hacer su Doctorado con Robert Oppenheimer en la Universidad de Berkeley
durante la segunda guerra mundial, Bohm dialogó intensamente con Einstein durante los seis meses en que fue nombrado Profesor Asistente en el "Instituto para Estudios Avanzados" de Princeton. Escribió varios libros importantes: uno sobre Mecánica Cuántica (1951) -muy elogiado por Einstein y por Pauli-; otro sobre la Causalidad en la Física moderna (1957), donde hace un agudo análisis epistemológico que jamás abandonó. En La Teoría de la Relatividad (1965), enfatiza el papel de 'la percepción' en la ciencia. Dice que el generar nuevas percepciones es el sentido mismo de la creatividad científica. Tiene además de muchos otros libros (algunos aquí mencionados) e innumerables artículos en revistas científicas especializadas.

Su fama como físico comenzó -tal como era de suponer- al estudiar el "comportamiento colectivo" de muchos electrones en metales y plasmas. Las partículas individuales en el plasma estaban fuertemente correlacionadas y parecía comportarse como "un todo orgánico y viviente", en vez de como un mero sistema mecánico. Desarrolló el concepto de "coordenadas colectivas" y del "plasmón", que luego fue experimentalmente confirmado. Hoy los fenómenos de la superconductividad, la superfluidez y el rayo láser nos muestran elocuentemente este "ballet de partículas" que -como los cardúmenes de peces o las bandadas de aves- se desplazan coordinadamente, y no del modo caótico y azaroso que sería esperable si las partículas se comportaran de forma independiente entre sí.

Muchos físicos lo conocen por su famosa predicción del "efecto Bohm-Aharonov", acerca
de una notable diferencia entre la Física Clásica y la Cuántica; a saber, los efectos medibles del potencial magnético sobre la "fase cuántica" de una partícula -que también fue luego corroborado experimentalmente-. Esto no es posible en la Física Clásica, ya que allí dicho potencial es concebido como "una mera abstracción matemática" que resulta útil para calcular a partir de ésta el campo magnético, que -en cambio- sí es un "ente físico" concreto, registrable empíricamente.

Algo similar a lo que sucedió entre la Física Clásica y la Cuántica ocurrió pero  dentro del seno de la misma Mecánica Cuántica: La llamada "interpretación de Copenhague" -por la
influencia de Bohr- de la Mecánica Cuántica -la más antigua- es puramente "gnoseológica", en el sentido de que sólo intenta averiguar qué podemos "saber" de los procesos de medición cuánticos, y no pretende ni siquiera modelizar provisoriamente "lo que realmente pueda estar ocurriendo en ellos". Se limita a brindar el "conocimiento" contenido en un "algoritmo de cálculo" capaz de poder predecir lo que indicarán los instrumentos de medición de los diferentes "observables" físicos. A ello agregan que ése es el único "conocimiento humanamente posible", que es completo y que jamás podremos saber "qué pasa en realidad" ni formarnos ninguna imagen, ya que las partículas subatómicas no son "cosas" como las que nos topamos en nuestra escala. En dicha "interpretación", es claro que la función de onda es
también concebida como algo de índole puramente matemático, una "mera abstracción inventada" dentro de la teoría, y que resulta útil en la medida que sirve para predecir con éxito las probabilidades de los resultados de las mediciones, de "los ángulos en que girarán las agujas de los aparatos de medición" de los "observables cuánticos" (4).

Bohm no estaba para nada de acuerdo con esa manera de pensar de Bohr, compartida por muchos físicos actuales. Decía, en cambio, que eso no es lo que siempre ha hecho -y se espera- de la Física, y que difiere significativamente del espíritu de indagación de Galileo, Newton y Einstein. Seguía fiel a su vieja idea de la gran importancia de que la Ciencia avance generando nuevas formas de percepción de la realidad, que luego puedan trasladarse a todos los ámbitos del quehacer humano.

La importancia de su interpretación ontogica de la Física Cuántica
Así fue como Bohm se animó a proponer una "interpretación ontológica" de la Mecánica Cuántica, arriesgándose a concebir un modelo teórico para tratar de comprender "lo qué efectivamente está ocurriendo en la realidad". Por imperfecto que fuese dicho "modelo provisorio", siempre es mejor que renunciar al desafío, tal como pretendía Niels Bohr, que los fenómenos cuánticos nos proponen: efectuar los  reacomodamientos perceptivos y reposicionamientos teóricos necesarios para comprender al universo. Por otra parte, siempre es posible ir mejorando dicho modelo a medida que van aumentando nuestros datos experimentales y se va refinando nuestra base teórica (5).

En el modelo de Bohm, también la "función de onda" que describe el estado de un sistema
mecano-cuántico -por ejemplo, una o varias partículas- equivale a un potencial cuántico "físico" que es el que modifica las ecuaciones clásicas, transformándolas en las ecuaciones que son capaces de describir los fenómenos observados en la Cuántica. Esta "función de ondas" (o su correspondiente "potencial cuántico") contiene la "información activa" que guía al sistema, así como una partitura tiene la información musical que dirige a una orquesta, o el ADN celular contiene la información genética del cuerpo de un ser vivo (6).

Ahora bien, la "información activa" de este potencial cuántico tiene dos características muy diferentes a la del potencial de cualquier campo físico "clásico":

a) no "empuja" a las partículas ni les provee de energía -así como la partitura no mueve o fuerza al músico a ejecutar su contenido, ni lo "reanima" si está cansado; el ADN celular de un ser vivo no contiene ni la materia ni la energía para "fabricar el cuerpo"; y las culturas -si bien nos condicionan hasta cierto punto- no nos "fuerzan" a comportarnos según sus patrones (por lo menos, las que no instan a la violencia o pretenden asfixiar a las libertades más básicas del ser humano) .

b) por la manera en que está definido, depende de su "forma" pero no de su "intensidad". Como la primera no es afectada por la separación espacial, ello implica que el potencial cuántico es "no local" y genera correlaciones que no decaen con la distancia. Más adelante volveremos sobre este punto, pues es muy importante para comprender las correlaciones astrológicas.

A fin de hacerme comprender, utilizaré una analogía que usaba Bohm. Supongan primero que arrojamos una piedra al río. Las olas de "forma" circular que se producen van perdiendo altura o "intensidad" hasta desaparecer, pero siempre mantienen su "circularidad". Ahora imaginen una lancha manejada a control remoto mediante una transmisión electromagnética. Entonces, por mucho que la lancha se aleje, la in-formación de la "señal" no es alterada, de modo que sigue "guiando" a la lancha. Pero eso no significa que la señal esté "empujando" a la lancha, ni que le proporcione el combustible que necesita para moverse. Lo mismo ocurre con un aparato de radio: éste recibe in-formación envuelta en ondas electromagnéticas (cuya energía es muy débil) pero que moldea o "da forma" a la energía más abundante pero amorfa que proviene de la red eléctrica (o de las baterías), logrando así con su mutua cooperación la efectiva trasmisión del mensaje radial.

El modelo de Bohm fue el único que logró brindar "imágenes intuitivas" satisfactorias que intentan hacernos concebir lo que podría estar sucediendo en los inauditos fenómenos cuánticos.

Más aún, dicho modelo -holográfico, contextual y no local-, nos abre un nuevo mundo de posibilidades, y admite ser "extrapolado" a los fenómenos de la mente, de otras ciencias, de la cultura, y del urgente y desafiante "problema ecológico". ¡Y sin embargo, no faltan los "doctos ignorantes" que muy injustamente lo acusan de haber querido "perpetuar" el pensamiento físico clásico, pretendiendo explicar los fenómenos cuánticos recurriendo a "variables (clásicas) ocultas"! Lo que sí quiso Bohm fue "perpetuar" la clásica -y maravillosa- concepción filosófica de la Ciencia, y sobre todo, no aceptar la arbitraria auto-restricción de no poder ir renovando y actualizando nuestra capacidad de percibir, ni "renunciar" a la posibilidad de ir madurando a medida que vamos intentando describir, explicar y comprender la realidad. Ello implica también ir "comprendiéndonos a nosotros mismos", ya que formamos "parte" de ella.
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Llamadas:

(2) Más adelante le dedicaremos especial atención a su interpretación, en la Parte (8) y daremos varios ejemplos ilustrativos para los lectores no físico-matemáticos.
(3) Aunque, debo aclarar, Bohm nunca se ha referido o pronunciado respecto de la Astrología, al menos dentro de lo que yo conozco -y he leído una buena parte de lo que escribió-.

(4) Un filósofo podría objetar incluso el uso de la palabra "conocimiento" para tal asunto -y de hecho José Ortega y Gasset lo hizo en un artículo publicado por "La Nación" el 10 de octubre de 1937-.¿Eso es "conocimiento" o "guardarropía", ironizaba? (aludiendo a los números que se entregan en un guardarropa y que se corresponden -pero no tienen otra cosa en común- con los abrigos "reales" que deja la gente)

(5)  Por ejemplo, la aparición de la "Teoría de cuerdas", que pareciera poder realizar el viejo sueño -o mejor dicho, terminar con la pesadilla- de querer conciliar la Cuántica con la Relatividad General. Sería interesantísimo vincular las "supercuerdas" con la interpretación de Bohm de la Cuántica.

(6) La función de onda cuántica o "estado" de una partícula cuántica se compone de dos tipos de datos: de su "módulo"/módulos (una especie de longitud, un número real positivo) y su/sus "ángulo/s de fase". Es similar en cualquier tipo de onda: está su intensidad y también el nivel alcanzado dentro de su frecuencia de oscilación. Por ejemplo, en el caso de las olas del mar, se tiene la altura máxima que es capaz de ascender la ola (el módulo) y el dato que nos dice para cada punto y momento, si está pasando un valle, la cima o un punto intermedio de la oscilación o vaivén de la ola (la fase).

Posteriormente, surgieron otras interpretaciones, incluyendo la de Bohm. Entre las demás están: las de "muchos mundos"; las de "la decoherencia"; la de las "historias consistentes"; la de Penrose, etc. Algunas de ellas pretenden aludir a una "ontología" -por extravagante que sea-, pero sus argumentos están lejos de resultar "convincentes", dentro de la comunidad de los físicos, ni logran resolver el "problema de la medición" en la Mecánica Cuántica. Ver "The road to reality", de Roger Penrose, Knopf Pub, New York, 2005, págs.785-812. Aclaro que aprecio mucho la obra de Penrose, aunque disiento con él en cuanto a su juicio respecto de la interpretación de Bohm.







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