martes, 26 de julio de 2016

Aritmética Sagrada - Parte 3


"El Número es lo que cuenta [o importa]; aquello que realmente vale la pena contar." 
Michael Stelzner

Dr. Adolfo R. Ordóñez

La constante de estructura fina, el 137, y su simbolismo


Introducción


Hemos mostrado ya, en las Partes 1 y 2, que  el universo está organizado matemáticamente. Ahora bien, lo matemático ‘es’ en dos niveles:

i) Nivel 1: Arquetípico, inconsciente, supramental, oculto a nuestra captación consciente por profunda e intuitiva (en el sentido ‘sobremental’, o de ‘buddhi’) que sea; y

ii) Nivel 2: Reflejado a) en nuestra ‘sobremente’ intuitiva como ‘símbolos’ e ‘imágenes arquetípicas’ (en sentido junguiano); o b) en nuestra ‘mente’ como ‘signos’ (éste es el caso de la matemática entendida en sentido ordinario por la mayoría de la gente). [Ver la diferencia entre ‘símbolo’ y ‘signo’ en el cuadro comparativo del artículo Simbolismo de la Luna en Astrología]


Como los ‘mathemas’ son lo que nos hace inteligir al cosmos (1), ello explica por qué Platón hablaba de –se suele decir de dos, pero en rigor, habla de tres- aspectos del cosmos, en su famosa ‘alegoría de la caverna’ [La República, Libro VII]. Hay dos relacionados con ii) en el interior de la caverna: a) el de las personas que pasan portando objetos delante del fuego interior; y el de las ‘sombras’ que sólo ven los prisioneros aferrados con grilletes a la pared del fondo de la caverna. Y otro, correspondiente  a i), en el inmenso mundo ‘más real’ iluminado por el Sol, representante –según Platón- de la Idea de las Ideas, la del Bien.  Aunque no debemos dejar de tener presente que en nuestra metáfora hemos de considerar 'el negetivo' de la 'foto' de la caverna, ya que el Sol aparece en la oscura región de lo inconsciente, y las sombras en lo más profundo de la 'caverna cerebral', corresponde a aquello que, para nosotros, es más consciente y visible.  En todo caso, la Matemática, además de regularlo todo, también nos posibilita abrirnos a la dimensión simbólica, de modo que pone en evidencia al Cosmos como portador de un Sentido, lo que va mucho más allá de lo meramente cuantitativo.

Enrique Cornelio Agrippa (1486-1535, médico alemán, alquimista y cabalista cristiano del Renacimiento) pensaba que, así como los entes sensibles -las cosas que vemos con nuestros cinco sentidos- tienen cualidades, también los entes inteligibles -aquéllos que no son directamente accesibles a nuestros cinco sentidos, y que "se perciben" con el intelecto- tienen cualidades. Si llegamos a "aprender" las cualidades de los números puros -como entes inteligibles, ideales, abstractos- podremos comprender sus omniabarcantes manifestaciones "cualitativamente", y ver detrás de lo numérico no meras "signos-cantidades", sino “símbolos-fuerzas” diferenciadoras y organizadoras que nos revelan múltiples sentidos (o significados), así como las energías involucradas en el accionar característico de todos y cada uno de los procesos. Algo parecido a lo que sucede con los 64 hexagramas (¡igual al número de los codones del ADN celular!) del I-Ching, o "Libro de las Mutaciones".
Hay propiedades de una simetría y perfección maravillosas en lo matemático, que siempre se halla "velando" las verdades más vitales del Cosmos: lo matemático dio origen al Cosmos, pero también contiene "en clave numérica" a todo el Esoterismo.

Les había hablado de las constantes universales fundamentales. Una de esas constantes es la denominada "constante de estructura fina". Les había contado una historia de Wolfgang Pauli, ¿recuerdan?, en la que intervenía el número vinculado a esta constante: 1/137 y una situación sincronística en la cual Pauli -a partir de este número, y pensando "a lo chino", como decíamos la vez pasada- pudo leer  y comprender cuál iba a ser su destino.

Quisiera continuar mostrándoles propiedades matemáticas simbólicas de este número.

La "constante de estructura fina" y el 137



A esta constante, se la llamó así por razones históricas: permitió explicar por primera vez la "estructura fina", es decir, la estructura de los niveles y subniveles de energía del átomo de hidrógeno.

Esta constante regula la intensidad de las interacciones de las partículas con carga eléctrica y la luz o los campos electromagnéticos, en general (2). Desde la probabilidad de que un electrón emita o absorba un fotón de luz; y la fuerza con la que el núcleo de un átomo atrae a sus electrones, generando así la estructura de los niveles y subniveles de energía de los átomos.

¡También controla la formación de las moléculas, es decir,  toda la química, la base física de la vida!
Es una constante adimensional, es decir un mero número, que se expresa sin "unidades" -como metros, segundos, etc., las que siempre implican alguna arbitraria "convención" humana-. Pero como esta constante de estructura fina es adimensional, no involucra ninguna convención arbitraria.

Se la expresa con la letra griega "alfa", y tiene el valor de 0, 007297351..., o muy aproximadamente:
α = 1/137

Lo misterioso del asunto es que los físicos aún no saben por qué  justo es ése el valor numérico de esta constante.

La constante de estructura fina, el 137, y algunos ejemplos del simbolismo implicado en ella:

 A) El haz de luz, el prisma, y el arco iris: Decíamos que esta constante está íntimamente vinculada al tema de la "luz". Y ya Newton (en el siglo XVII) vio cómo de un haz de luz blanca, surgen los tres colores primarios, y los siete colores del "espectro solar" (los que vemos en el arco iris):

Ø      haz de luz
Ø      colores primarios (rojo, azul y amarillo)
Ø      7 colores del arco iris (rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul, violeta e índigo)

B) La Unidad, la Trinidad y el Septenario en las Religiones: también, este número está implícitamente presente en las grandes religiones:

Ø    1 Ya sea la Vida Una, La Unidad Divina, Aquél (o "Aquello") Incognoscible del cual todo lo existente -en última instancia- proviene. Como ‘la Causa sin Causa de Todo’, o como la ‘Causa Primera’.

Ø    Las Trinidades clásicas de las religiones: Padre/Hijo/Espíritu Santo, Brahma/Vishnú/Shiva, Osiris/Isis/Horus, la Tríada Sefirotal Superior (Kéter, Jojmáh, Bináh), etc. En el judaísmo se insiste en que "el Eterno es Uno" (y no Tres), pero resulta que "uno" en hebreo es אחד "ejád", cuyas tres letras (1; 8 y 4) suman 13 (es decir, 1 y 3).

Ø   En el cristianismo se habla de los "Siete Espíritus ante el Trono", el Séptuple Candelabro judío, símbolo "las 7 Sefirot de la Construcción", etc.

C) El uno, el tres, y el siete por la Ley de combinatoria simple:

Y así como un haz de luz blanca está integrado por los tres colores primarios (rojo, azul y amarillo); o así como en todas las religiones el "Uno" es Trino, -y esto que les voy a contar a continuación es puramente matemático- por Ley de Combinatoria, si tengo tres cifras, al combinarlas -con la condición de que no se repitan los números-, obtengo siete. Veamos:

Ø      Tengo tres cifras: 1, 2, 3.
Ø      ¿Qué combinaciones puedo obtener de dos o tres de las mismas, sin repetir los números, y si no importa el orden? (si primero tenemos rojo y luego agregamos azul, obtenemos violeta; y lo mismo ocurre partiendo del azul y añadiendo el rojo)
Ø      Respuesta: [1,2] [1,3] [2,3] [1,2,3].
Ø      Con lo cual, naturalmente, si parto del tres, soy remitido al siete, pues nos quedó: [1], [2], [3], [1,2], [1,3], [2,3], [1,2,3]. (Ahora hemos añadido las combinaciones de las tres cifras originales tomadas de a una, a las tomadas de a dos y a las tomadas de a tres).

Si los contamos, vamos a ver que son siete elementos constitutivos.
Síntesis:   Cualquier unidad constituida por tres aspectos, naturalmente por combinaciones lleva al siete.

La constante de estructura fina, el 137, y la Kabaláh:


Ustedes saben que en las ‘lenguas sagradas’ antiguas -como el hebreo, el griego, el sánscrito, etc.-, las letras también tenían un valor numérico. Si nosotros tomamos la palabra hebrea "Kabaláh", y sumamos el valor de cada letra, nos encontraremos "curiosamente" con el número 137:

La palabra "kabaláh" se forma con las siguientes letras: ק Quf (nuestra "K", o "Q" de valor numérico 100), ב Beit (nuestra "B", de valor 2), ל Lámed (nuestra "L", que vale 30), y ה Hei (nuestra "H", de valor 5). El hebreo es una lengua que se escribe sin vocales y de derecha a izquierda (en el sentido inverso a nuestra escritura). Las vocales las agregamos al pronunciar la palabra. Quedaría entonces una palabra que en español podríamos escribirla más o menos así: קבלה  kabaláh, suma de estos valores numéricos de las letras correspondientes: 100 + 2 + 30 + 5 = 137.

Abajo les escribo la palabra en hebreo junto a los valores numéricos de las letras correspondientes, y la suma de estos valores:

"Kabaláh" significa "recepción" (y se sobreentiende: "recepción de la Luz", en sentido metafórico). ¡Pero según vimos, la constante de estructura fina es la cantidad de luz (en sentido literal) que pueden absorber o emitir las partículas cargadas"!

Por lo tanto, la constante de estructura fina -o la recepción/emisión de la luz-, está ya presente en la palabra Kabaláh, la cual es antiquísima.

En el Árbol de la Vida cabalístico, encontramos:

Ø   1 Árbol de la Vida
Ø   3 Sefirót "intelectuales" (3) o Tríada Sefirotal Superior.
Ø   7 Sefirót de la Construcción (del Mundo, las seis sefirót "emocionales" más Maljút, o "Reinado", la séptima, que "recibe" a todas las demás).

La constante de estructura fina, el 137, y la Astrología


Fíjense que la Astrología tiene implícito al 137, pues trabaja con el Zodíaco -mandálico, uno-, con los tres planetas transpersonalesy con los siete cuerpos celestes tradicionalmente conocidos:

Ø   1: Simbolizado en la unidad zodiacal
Ø   3: Simbolizando los tres planetas transpersonales (Urano, Neptuno y Plutón) (4).
Ø   7: Representando a siete ‘planetas’ (en rigor, 7 astros) personales: las Luminarias (Sol y Luna), y los planetas tradicionales (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, y Saturno).

Estos son sólo algunos de los ejemplos astrológicos.

La constante de estructura fina, el 137, y el Eneagrama



El Eneagrama es un esquema simbólico antiquísimo, que podemos rastrear hasta en la India, tanto en la filosofía Sankhya, como en el esotérico "juego" de ajedrez. Sin embargo, en el siglo XX pasó a ser más públicamente conocido a través de la escuela denominada Cuarto Camino fundada por el armenio Georg I. Gurdjieff (1877-1949), quien sacó a la luz este sistema -que es tan antiguo como el mundo-. Seguidores de él, en particular, el famoso Pedro Ouspensky y el físico-matemático e industrial inglés John G. Bennett, lo retomaron. Hoy el tema está muy difundido, especialmente las tipologías psicológicas del eneagrama, que, sin embargo, son sólo algunas de sus "implicancias menores" -digo esto no para disminuir el indudable valor de las tipologías, sino para remarcar la trascendencia del eneagrama-. Tal como su nombre lo indica, el eneagrama (que etimológicamente deriva de "ene", "nueve"; y del griego "gráma", "escritura", dibujo, tratado o doctrina), constituye una estructura simbólica fundamentada en los nueve dígitos. Todo proceso dinámico, sea atómico, humano, planetario, solar, galáctico -incluido cada uno de los 12 signos del Zodíaco- o cósmico sigue una "evolución eneagrámica".

Lo que me interesa enfatizar es que el Eneagrama posee una trina dinámica circulatoria implícita, que deriva del 1, del 3 y del 7. Quiero decir, que el eneagrama mismo surge a partir de relaciones con el 137.


Como veremos,

Ø   El simboliza a la estructura mandálica-circular del eneagrama mismo.
Ø   El será determinante en la dinámica vinculada a la circulación energética de este esquema. Esto lo explicaré más abajo con lo que denominaré la LEY DE OCTAVA (O LEY DE SIETE): Todo en el Cosmos es de naturaleza septenaria (de ahí los 7 Días del Génesis Bíblico, así como el carácter omnipresente y sagrado del 7 en toda la Tradición universal).

"Cromáticamente" hay 7 colores en que se dispersa la luz blanca al incidir sobre un prisma de cristal (o sobre gotas de agua que flotan en el aire luego de una lluvia,  formando un arco iris).


"Musicalmente" consiste en las 7 Notas Do, Re, Mi, Fa, Sol La, Si, y un nuevo Do "en una octava superior". Sin embargo, es muy conocido que sólo hay 6 tonos y 12 semitonos entre las 7 notas, y esto es muy remarcable. En efecto, entre dos notas diferentes hay un tono, o sea dos semitonos de diferencia, salvo entre el Mi y el Fa, así como entre el Si y el Do -entre las que sólo hay un semitono-. En cambio, a un semitono de un Do (o Re) hay un "Do sostenido" (o un "Re sostenido", respectivamente), etc.

Y "matemáticamente" esta Ley se descubre al subdividir la unidad en siete partes, y hacer luego sucesivamente 1/7, 2/7, 3/7, 4/7, 5/7, 6/7, etc.

Cuando desarrolle el tema, veremos que en el resultado de las divisiones aparece una sucesión periódica que simboliza "el movimiento interno y atemporal" del eneagrama.

Ø   El nos indicará tres momentos del proceso (en términos musicales, estarían entre las notas Mi-Fa, y Si-Do de tres Octavas consecutivas), en los cuales, para que la dinámica continúe su desarrollo, harán falta "saltos", "choques", o shocks" (para "poder llegar" de Mi a Fa, y de Si a Do). Cada una de estas tres influencias, simbólicamente hablando, nos "destraban" y obligan a salir de la inercia del movimiento mecánico, o del azar [relacionada con el famoso 'número de la bestia 666' del Apocalipsis de San Juan], y nos posibilita "saltar" a otro nivel superior del proceso. Tengan presente en todo momento, que aquí no nos referimos a una aplicación meramente "cuantitativa" de lo matemático. Juntos vamos a ver, que esas relaciones numéricas -que parecen obvias y naturales, porque se obtienen a través de una operación numérica, en este caso la división-, son la "fachada" de un simbolismo profundísimo que puede aplicarse en los "procesos psicológicos", y en el "desenvolvimiento psicomadurativo" de toda Entidad Viviente, desde un ser humano, hasta el Cosmos mismo.

Desarrollo del Eneagrama


a) Entonces, como explicábamos más arriba, partimos de la unidad mandálica del eneagrama, que podemos representar con el espacio encerrado por un círculo:
Uno (1), la Totalidad

b) A continuación, vamos a explicar la importancia fundamental en el eneagrama del número 7:
Si dividimos por este número -7- y multiplicamos por 1, por 2, por 3,... y así siguiendo hasta llegar a 7 (sin incluir), veremos que aparece recurrentemente un período decimal. Veamos:

c) Es importante observar que únicamente aparecen en estas expresiones decimales periódicas los números: 1, 2, 4, 5, 7, y 8. Y que las cifras 3, 6 y 9 [tres números considerados fundamentales por Nikola Tesla] no aparecen. Esta cuestión se relaciona con la Dinámica Simbólica del Eneagrama que veremos a continuación.

Podemos graficar el 137 implicado en el eneagrama. Recordemos:

Ø      1, la unidad mandálica del eneagrama.

Ø      3, son las cifras que "quedan por fuera" de la circulación "natural" o "espontánea" de los nueve dígitos: que son el 3, el 6, y el 9. Este es un hecho simbólico que abordaremos oportunamente.

Ø     7, es fundamental, porque su relación con los 9 dígitos establece la dirección circulatoria del movimiento dentro y alrededor del eneagrama.



(1) Recordemos que lo matemático -etimológicamente- es "lo aprendible".

(2) Ocurre como cuando durante una tormenta eléctrica cae un rayo. Este es como una cascada "fractal" de electrones, y las probabilidades dadas por α hacen que, de cada 137 electrones, uno emita un fotón de luz, que percibimos como "el relámpago" que precede al trueno ¡Si α fuera menor, podríamos no ver nada, y si fuera mayor, el resplandor del rayo podría cegarnos!

(3) La palabra sefirá (voz singular de sefirót) se relaciona con la palabra "cifra" o número.

(4) Actualmente, deberíamos decir "los tres transpersonales principales". En efecto, Plutón ya no es considerado un planeta, sino un "planetoide" menor que está rodeado por el "cinturón de Kuiper" y mucho más allá aún, por la "nube de Oort", llenos de cuerpos "planetoidales" de distintos tamaños y con órbitas aún más alejadas dentro del sistema solar, marcando el límite “efectivo” de la atracción solar.


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