Patricia
Fernández Acosta Ordóñez
Psicóloga, Astróloga, Mgs en Psic. Junguiana
Evolución y Ley
de los Ciclos. El Dragón
El
concepto de evolución desde una perspectiva
esotérica y holográfica se diferencia del sentido darwinista materialista del mismo. En
este último, la evolución se refiere mera y específicamente a una dinámica
mecanicista, sin saltos ni rupturas, que aborda con exclusividad la
dimensión fenoménica de los sistemas vivientes, considerándolos a éstos
entidades separadas de modo absoluto entre sí. En la evolución darwinista, en
última instancia, lo que predomina es la consideración del azar y la
supervivencia de los ‘especímenes’ más aptos -cada uno considerado independiente de los demás- .
El principio holográfico, entendido como "la parte tiene presente en sí plegada información de la totalidad", se ejemplifica gráficamente en la relación entre las células de un organismo y el organismo: Cada célula contiene el mismo ADN, y de cualquier célula se puede clonar un tejido, un órgano y hasta un organismo completo. Aplicado este principio a la evolución, cuando algo afecta a la totalidad, repercute y resuena con cada parte y viceversa, la parte resuena en la totalidad. Tengamos esta noción presente al abordar el estudio de la Era de Acuario.
Estos
ciclos de ‘explicitación/despliegue’, ‘implicación/repliegue’ responden a órdenes
y pulsos rítmicos que pueden ser estudiados astrológicamente.
La
evolución, desde esta perspectiva, responde a un orden, es teleológica (hay una
‘fuerza atractora’ que la ‘tironea’ hacia una meta implicada y desconocida; y
se desenvuelve en ciclos tras ciclos). Todo esto, no es incompatible con el
libre albedrío y la posibilidad del ensayo-error necesario en cualquier
aprendizaje humano y cósmico. Un ejemplo más cotidiano de lo que estamos
hablando, lo vemos en las etapas evolutivas estructurantes de nuestra psique
las cuales se suceden una detrás de la otra, y sin embargo, cada niño las vive
de modo singular y propio.
Desde el punto de vista astrológico y espiritual, entonces, hay ciclos dentro de ciclos. El abordaje de éstos nos permite meditar en el propósito y el sentido que busca desplegar cada uno de elllos.
Los
ciclos menores reflejan -por la ley de equivalencias o analogías y de
replicación fractal- a los ciclos mayores. De modo que todos los ciclos están,
tamibén vinculados e interrelacionados entre sí.
Esta
comprensión de la Ley de los Ciclos y
de sus relaciones holográficas o fractales, vinculadas al movimiento del
Universo viviente como totalidad, a través de pliegues y repliegues parciales,
los cuales están todos coordinados entre sí, era lo que los chinos simbolizaban
con el mito del dragón y/o de la serpiente que se muerde la cola
(Ouróboros).
El
sentido original de la palabra ‘enciclopedia’
no era el de la mera acumulación de información en una serie sucesiva de tomos.
Dicha palabra, etimológicamente significa ‘la
sabiduría y/o educación de los ciclos’ (ciclos-paideia). Su aplicación degradada como
‘mera sumatoria fragmentada y lineal de conocimiento acumulado’ fue una
desvirtuación propia de la percepción mecanicista de los últimos siglos.
Ejemplos
de ciclos astrológicos dentro de ciclos, yendo de menos a mayor:
- El Ciclo de las Fases Lunares, nos refiere la relación entre el movimiento mensual de la Luna, con respecto a la traslación del Sol, observado desde la Tierra. La duración del mismo es de 30 días y medio (un mes aproximadamente).
- El Año Solar, describe la traslación del Sol, alrededor de la Eclíptica (que incluye las 12 constelaciones zodiacales), tomando como punto de observación la Tierra. Su duración es de aproximadamente un año.
- El Año Platónico o Ciclo de la Precesión de los Equinoccios, describe un ciclo mucho mayor que dura alrededor de 26.000 años, y en el cual, los factores implicados son la Tierra (el cambio lento y gradual en la orientación del eje geográfico), la Luna y el Sol (por las perturbaciones que producen en la inclinación del eje terrestre), y la Galaxia (ya que cada 72 años, el eje terrestre se desplaza 1º alrededor del Polo Celeste, describiendo un cono). Esto tiene como implicancia que cada 2160 años (72 x 30º), el ecuador terrestre señale a un signo zodiacal diferente en el equinoccio vernal o ‘Punto Aries’. Este período de alrededor de 2000 años es lo que denominamos ‘era astrológica’.
Como
sabemos, la Astrología considera a los hechos astronómicos integrando una
mirada simbólica a los mismos. Es decir, complementa los factores cuantitativos
observables con las posibilidades de sentido
que los mismos proveen, pues desde la perspectiva astrológica, el Universo
está vivo, y sus movimientos -tal como lo pensaba Aristóteles-, no consisten en
meros desplazamientos o rotaciones físicas, sino que además señalan la
actualización de potencialidades que son traídas a su manifestación.
Hemos
visto en artículos anteriores, que desde una perspectiva espiritual de la
Astrología, cada factor celeste se vincula holográficamente a un aspecto de la
constitución humana. De modo que si consideramos los tres ciclos descriptos
arriba (son los tres más relevantes, pero existen muchos más), podríamos
meditar en lo siguiente:
·
En la segunda parte de este artículo, meditaremos alrededor de las oportunidades y desafíos que nos presenta el actual momento de ingreso en la Era de Acuario.
- Ciclo de las fases lunares: la relación de los ‘pulsos’ entre el Alma (factor solar) y la Personalidad (factor lunar), observados desde la Tierra (conciencia cerebral humana). Está especialmente vinculado a la vitalidad (etérico) y a la canalización a través de la dimensión etérico-vital de las cualidades solares álmicas.
- Movimiento anual del Sol: Relación entre el pulso solar anual y las cualidades que porta cada signo zodiacal sobre todos los factores de la constitución humana (los transpersonales y los personales -pensamientos, emociones, cuerpo). Lo vinculamos a los ritmos anuales de desenvolvimiento del proceso de individuación en cada ser humano.
- Ciclo de Precesión de los Equinoccios o Año Platónico: Debido a la longitud del mismo (alrededor de 26000 años el ciclo completo, y unos 2000 años cada era), el alcance de su sentido excede a la vida humana individual. Por lo tanto, en este caso, se refiere al proceso de individuación colectivo humano, en uno de sus alcances; y percibiendo “más ampliamente” nos da indicios de ciclos de Vidas aún mayores que la nuestra y en las cuales ‘nos movemos y tenemos nuestro’[1]. Cada 2000 años serán ‘liberadas’, entonces, tonalidades, cualidades, formas vinculares nuevas que estarán caracterizadas por la era astrológica específica, y que no afectarán meramente al ser humano, sino a toda la Naturaleza, al planeta mismo y a todas las especies vivientes que lo constituyen.
- Para la Astrología esotérica y holográfica, el Año Platónico simboliza un Ciclo de Iniciación completo. De aquí que cada edad astrológica esté vinculada a la venida de Avatares, pues cada una implica el movimiento de exteriorización o actualización de determinadas cualidades que están representadas maximalmente en el ‘Avatar de dicha era’. Entonces, cada era o eón propicia la ‘venida a la manifestación de ciertas entidades que representan la ‘flor’ o arquetipo de dicha época, y afectará a la Existencia del planeta en su totalidad, señalando fuertes cambios para la totalidad manifestada en la diversidad de especies, culturas, seres humanos individuales, etc.
En la segunda parte de este artículo, meditaremos alrededor de las oportunidades y desafíos que nos presenta el actual momento de ingreso en la Era de Acuario.
[1] Los
Vedas indios incluyen ciclos de millones de años vinculados a Existencias mucho
más grandes que la nuestra, humana.
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