miércoles, 30 de marzo de 2016

Reflexiones epistemológicas sobre la Astrología - 10° Entrega

Tres Principios básicos para un “Paradigma Astrológico"

III. El Principio Sicronístico
Dr. Adolfo R. Ordóñez

“Nosotros siempre tratamos de buscar la causa por la que algo ha sucedido. Los [antiguos] chinos, [en cambio] se preguntaban: ¿qué tipo de cosas es más probable que sucedan todas juntas? …Si leemos las crónicas históricas chinas, simplemente dicen que el año del dragón la emperatriz se fugó con su amante, los tártaros invadieron el país, las cosechas se perdieron y en la ciudad de Shangai hubo una epidemia de peste” (1)
Marie Luise Von Franz

A los efectos de clarificar más este tema, citaremos al propio Jung:

“...mis investigaciones sobre el inconsciente colectivo me hicieron tropezar una y otra vez con conexiones que ya no me era posible explicar como agrupaciones o acumulaciones causales. Tratábase de “coincidencias” tan significativamente conexas, que su ocurrencia “causal” representaba una probabilidad sólo expresable por una magnitud imposible de medir [por lo pequeña]. Citaré como ejemplo un caso de mi propia observación: una joven paciente tuvo en un momento decisivo del tratamiento un sueño durante el cual se le regalaba un escarabajo de oro. Mientras me relataba el sueño, estaba yo de espaldas contra la ventana cerrada. De repente percibí detrás mío un ruido, como si algo golpeara suavemente contra la ventana. Volviéndome advertí que un insecto había chocado contra la ventana desde afuera. Abrí la ventana y lo cacé al vuelo. Era la analogía más próxima a un escarabajo de oro que cabe encontrar en nuestras latitudes, un scarabeide cetonia aurata, la “cetonia común de la rosa”, que evidentemente se había sentido impulsado, en contra de sus hábitos comunes, a penetrar en una habitación oscura en ese preciso momento.” (Libro citado, pág. 31)… Hasta llegar al sueño en cuestión [la paciente] no había hecho progreso alguno… Hacía falta evidentemente un acontecimiento irracional, que yo, desde luego, no podía producir. El sueño por sí sólo había producido una leve conmoción en la posición racionalista de mi paciente. Pero cuando el escarabajo llegó a su realidad, el ser natural de ella pudo romper la coraza… con lo cual se inició el proceso de transformación. Cualquier cambio fundamental de actitud significa una renovación psíquica, y por lo regular va acompañado de símbolos de renacimiento en los sueños y en la fantasía. El escarabajo es un símbolo de renacimiento. En el Am-Duat, libro del antiguo Egipto, se describe cómo el dios-sol, después de haber muerto, se transforma, al llegar la décima estación en Kephera, el escarabajo, y como tal sube en la duodécima estación a la barca que asciende con el sol rejuvenecido al cielo matutino… (aunque el símbolo no era conocido por mi paciente)…El psicólogo tropieza constantemente con casos en los cuales la emergencia de paralelos simbólicos no puede explicarse sin la hipótesis de lo inconsciente colectivo.
“Las coincidencias significativas, que deben distinguirse de los meros agrupamientos al azar, parecen tener un fundamento arquetípico” (Ídem, págs. 32-33).

También cita el caso de una señora que ve que una bandada de aves se había aposentado sobre el techo, y lo interpreta –correctamente, según después pudo comprobar- como que su esposo, enfermo del corazón, había sufrido una descompostura (de hecho, había fallecido). Jung ve en episodios de esta naturaleza el sentido de la expresión popular “pájaros de mal agüero”. En otras ocasiones menciona el caso de una mujer que, mientras caminaba con él por el borde de un bosque, le relata que había tenido un sueño en el que aparecía un zorro. En ese mismo instante, Jung miró y le señaló la “casual pero significativa” presencia de un zorro asomado tras un árbol. O el de una paciente que ha entrado en lo que vulgarmente se denomina un “bache depresivo”, y en medio de su discurso deja entrever –sin notar la notable conexión- que “justo” se le había hundido un pozo ciego en el fondo de su casa.
Cada uno de nosotros pasa por experiencias semejantes a lo largo de su vida ¿no es así?

La sincronicidad es la “coincidencia” –acausal- entre las manifestaciones de un estado psíquico con uno o varios eventos físicos paralelos “significativos” con relación con dicho estado subjetivo; o bien, con otro estado psíquico anterior o posterior en cuanto al tiempo (por ejemplo, un sueño o una fantasía).

Observación:
La Psicología Analítica de Jung distingue entre “sincronicidades” –que afectan sustancialmente nuestras vidas- y sólo se producen bajo ciertas condiciones (cuando “se activa” o “constela” en nosotros un arquetipo del inconsciente colectivo; y “eventos sincronísticos” –menos cruciales desde nuestra perspectiva personal, pero esenciales para el funcionamiento cósmico- y que están ocurriendo permanentemente y por doquier. En realidad ambas nociones son fundamentales en el campo astrológico.

El misterio del “entrelazamiento cuántico”

Toda persona medianamente culta conoce cuán extraño y anti-intuitivo (para el “sentido común”) es el comportamiento de la Naturaleza que describe la Física Cuántica. (Recientemente ha tenido gran difusión entre el público mundial el filme -y luego el libro- “¿Y tú qué rayos sabes?”, referido a este tema).
Lo que es menos conocido es el asunto del “entrelazamiento cuántico” (quantum entanglement). La descripción mecano-cuántica de un sistema "supuestamente" compuesto por muchas partículas –digamos de N partículas-, requiere de una formulación holística, no reducible a un análisis de sus “partes”. Matemáticamente, el estado del sistema entero es una in-descomponible “función de onda” ψ definida en el “espacio de configuración” Q de (todo) el sistema, el cual tiene 3N dimensiones, tres por cada una de las partículas (un “pez” de 3N dimensiones, según la metáfora que hemos usado (Ver en este blog el artículo: La Sincronicidad (Parte 2): El misterio del "entrelazamiento cuántico"). No se puede describir el comportamiento de los sistemas compuestos con “N funciones de onda” (una por cada partícula) definidas sobre el espacio tridimensional ordinario, salvo en situaciones excepcionales, como cuando no existe ninguna interacción entre las partículas. Pero en el caso de un átomo, o de una o muchas moléculas –que son, con mucho, los más importantes-, el “estado del sistema ψ” no es meramente el resultado de “descomponerlo” (al sistema) en sus constituyentes elementales. Es un estado “entrelazado” que no puede “des-enlazarse” en sus “partes”. Ahora bien, esta situación equivale, desde un punto de vista matemático, a poder disponer de una cantidad muchísimo mayor de posibilidades para los estados del sistema como un todo. Es decir, hay una “cantidad” descomunalmente mayor de estados “entrelazados” en Q que los que resultarían de todas las posibles funciones de onda de sus partes. Más aún, matemáticamente resulta que la evolución temporal de los estados según la ecuación de Schrödinger, que rige en la Mecánica Cuántica, no hace sino ir aumentando los “entrelazamientos” cuánticos.
Ahora bien, sabiendo que la función de onda porta la información que guía el comportamiento del sistema, ¿qué representa esta gigantesca cantidad de “información” adicional? Además de posibilitar el desarrollo de una nueva “computación cuántica”, que ya viene siendo estudiada en las dos últimas décadas, el notable físico británico Roger Penrose considera que se refiere a las correlaciones del tipo de las que ocurren en las situaciones “EPR” (2) .
Traduciendo lo anterior al tema que estamos tratando -y procesándolo por mi humilde y falible consideración-, se trataría de una posible explicación física de los eventos sincronísticos de Jung. En el Pez-Cósmico todo lo existente está entrelazado con todo lo demás… “y no necesita mamar ni ser destetado”.



(1) Es notable la similitud entre esta Astrología China con la Mecánica Cuántica, donde cada sistema –en la representación de Schrödinger- en cada momento tiene un estado [como “el año del dragón”] y el físico busca “conjuntos de observables que se puedan medir conjuntamente en cada momento” (matemáticamente, ello ocurre cuando conmutan los operadores asociados a los observables). Basta flexibilizar la noción de “momento” para que pueda durar un año y no sólo un instante –lo cual hace David Bohm-. Los resultados sólo son probabilísticos. Uno entiende la elección de Niels Bohr, uno de los “padres” de la cuántica del símbolo del Tai Chi con el Yin y el Yang para su escudo de armas al ser honrado con el Título de “Caballero” danés.
(2) R. Penrose, “The road to reality”, Knopf Pub., New York, 2005; Capítulo 23, págs. 578-592.

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